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Cuando el margen ocupa el centro: Tercer paisaje, de María Azkarate

Hay lugares que apenas miramos. Solares abandonados, cunetas, descampados, parcelas a medio construir, terrenos que han quedado fuera de los planes de la ciudad. Espacios aparentemente insignificantes que, sin embargo, están llenos de vida. Es precisamente ahí donde María Azkarate lleva años poniendo la mirada. Su proyecto Tercer paisaje, iniciado como una investigación fotográfica y convertido ahora en una instalación de gran escala en la capilla del Museo de Navarra, propone detenerse en aquello que normalmente queda fuera de campo.

Tercer Paisaje - María Azkarate - Museo de Navarra

El punto de partida es el concepto de Tercer paisaje formulado por el paisajista francés Gilles Clément: aquellos espacios residuales que escapan, al menos temporalmente, a la planificación y al control y que pueden convertirse en auténticas reservas de biodiversidad. Para la autora, sin embargo, estos lugares son algo más que un asunto botánico. Son también una forma de pensar cómo organizamos el territorio y, por extensión, cómo organizamos nuestras propias sociedades. En los márgenes, donde aparentemente no sucede nada, aparecen otras maneras de coexistir.

La exposición del Museo de Navarra parte de dieciséis fotografías que forman parte de la colección del museo desde 2021. En ellas, María Azkarate observa diferentes estados de esos territorios residuales y registra la convivencia, a menudo incómoda, entre la intervención humana y aquello que vuelve a crecer cuando esa intervención se detiene. La fotografía funciona aquí menos como documento que como herramienta de atención: obliga a mirar despacio lugares que nuestra mirada cotidiana ha aprendido a descartar.

Pero es en la instalación Jardín suspendido donde el proyecto adquiere una nueva dimensión. En el centro de la capilla aparece una enorme masa vegetal suspendida, construida con alrededor de 18.000 plantas pertenecientes a 140 especies. Las plantas, recolectadas durante más de un año en distintos espacios periféricos y preservadas posteriormente, cuelgan de una estructura metálica mediante hilos de cobre. El resultado tiene algo de jardín, de nube, de archivo y también de organismo imposible. La materia que normalmente encontramos pegada al suelo, creciendo en los lugares que no consideramos importantes, se eleva ahora hasta ocupar el centro de la arquitectura. Y aquí aparece una de las operaciones más interesantes de la exposición: el desplazamiento del margen al centro.

El Tercer paisaje deja de ser ese territorio que bordeamos sin mirar y entra en una institución dedicada precisamente a seleccionar, conservar y otorgar valor. La operación contiene una contradicción deliberada. Aquello que existe gracias a la ausencia de control es ahora recolectado, clasificado, preservado y exhibido. El museo hace visible aquello que el propio territorio había dejado fuera, pero al hacerlo inevitablemente lo transforma.

La instalación no resuelve esa contradicción; la mantiene abierta. Y quizá sea ahí donde reside buena parte de su fuerza. Porque Tercer paisaje no parece plantear una oposición sencilla entre una naturaleza buena y un ser humano destructor. María Azkarate está interesada en algo más complejo: en las formas de vida que aparecen precisamente en los intersticios de nuestra planificación, en aquello que sucede cuando el territorio no responde completamente a nuestras previsiones.

La presencia del herbario sonoro amplía todavía más esa idea. Creado por Borja Alcate y David Serrano, incorpora los impulsos bioeléctricos de plantas vivas y los transforma en una composición sonora que reacciona a la presencia y al movimiento de quienes visitan la instalación. Lo que normalmente permanece fuera de nuestra percepción se convierte así en sonido. La exposición deja de ser únicamente una cuestión de mirar para convertirse también en una experiencia de escucha y de proximidad.

Hay algo especialmente significativo en que todo esto suceda dentro de una capilla renacentista. La arquitectura impone una escala, una memoria y una carga simbólica muy concretas. Frente a ella, el jardín suspendido introduce una materia que parece pertenecer a otro tiempo y a otro lugar. La verticalidad de la instalación dialoga con la propia arquitectura de la capilla, pero también la desborda: la vegetación deja de ser fondo para convertirse en protagonista y altera nuestra percepción del espacio.

El suelo, cubierto de grava blanca y de pequeños restos vegetales desprendidos de la instalación, introduce además una segunda escala. Frente a los miles de ejemplares suspendidos aparece un pequeño jardín residual, casi una consecuencia inevitable del primero. Lo que cae, lo que se desprende y lo que queda abajo vuelve a recordarnos que el proyecto no trata únicamente de conservar la naturaleza, sino de observar sus procesos.

En este sentido, Tercer paisaje puede leerse como una reflexión sobre el archivo. La fotógrafa recolecta, identifica, preserva y ordena especies; fotografía lugares destinados a desaparecer o transformarse; y finalmente construye con todo ello una nueva forma de paisaje. Pero el archivo no aparece aquí como algo inmóvil. La instalación está atravesada por la pérdida: las plantas se desprenden, los restos se acumulan, las condiciones cambian. Incluso aquello que ha sido preservado continúa transformándose.

Quizá por eso la exposición resulta más interesante cuando dejamos de entenderla como una celebración de la biodiversidad y empezamos a verla como una pregunta sobre nuestras formas de ordenar el mundo. ¿Qué consideramos paisaje? ¿Qué merece ser conservado? ¿Qué queda fuera de nuestros sistemas de valor? ¿Puede un espacio sin función aparente contener una riqueza que los espacios cuidadosamente diseñados han perdido?

Desde que Tercer paisaje recibió el premio a fotógrafas emergentes de BAFFEST en 2020, el proyecto ha ido ampliando su escala y sus herramientas. Aquella investigación fotográfica se convierte ahora en una experiencia espacial, sonora y material. En la capilla del Museo de Navarra, durante unos meses, el paisaje que normalmente no miramos ocupa el espacio que no podemos dejar de mirar.

Tercer paisaje

Del 15 de mayo de 2026 al 4 de abril de 2027

Capilla del Museo de Navarra, Pamplona

Horarios: martes a sábado, 9.30–14.00 y 17.00–19.00. Domingos y festivos, 11.00–14.00.

María Azkarate

@mariaazkarate

Museo de Navarra

Créditos

Proyecto y comisariado: María Azkarate

Instalación y diseño expositivo: María Azkarate

Herbario sonoro: Borja Alcate y David Serrano

Producción: Museo de Navarra