Kutxa Fundazioa se suma a la celebración del milenario del primer documento en el que aparece la palabra Ipuscoa con una propuesta que mira al pasado desde el presente. El punto de partida es el libro Lo admirable de Guipúzcoa, publicado en 1932 por Pascual Marín, una obra que ofrecía una visión idealizada y casi intemporal del territorio.
A partir de esta referencia, nace un proyecto fotográfico contemporáneo en el que participan cuatro fotógrafos y fotógrafas —María Azkarate, Peter Bialobrzeski, Dragana y Lobo Altuna—, cada uno con una mirada distinta sobre la topofilia: el vínculo emocional que une a las personas con los lugares que habitan o recuerdan.
El proyecto propone entender el territorio no como algo fijo o dado, sino como una construcción viva, formada por experiencias, relaciones, infraestructuras, rituales, arquitectura y prácticas cotidianas. Un tejido de significados que cambia con el tiempo, atravesado por conflictos y transformaciones sociales, y que nos invita a repensar qué significa hoy pertenecer a un lugar.
La propuesta de María Azkarate se centra en repensar el concepto de límite y de territorio desde una perspectiva contemporánea y crítica. Para la artista, el territorio no es una superficie fija delimitada por líneas claras, sino una construcción histórica y social cargada de significados, vivida y transformada a lo largo del tiempo.
Azkarate aborda el límite no como una frontera visible, sino como un espacio en sí mismo: un lugar mestizo, permeable y dinámico, donde el tránsito, la memoria y la experiencia humana son más importantes que la división administrativa. En sus imágenes, los bordes geográficos de Gipuzkoa aparecen desprovistos de marcas evidentes, cuestionando la idea de frontera como separación clara entre identidades.
Esta aparente invisibilidad contrasta con su dimensión más dura y real. Para determinadas personas —especialmente para quienes migran en condiciones de extrema vulnerabilidad— esos mismos límites se convierten en barreras físicas y simbólicas. El río Bidasoa, casi imperceptible como frontera para la mayoría, emerge en su trabajo como un espacio cargado de riesgo, memoria y violencia silenciosa.
La mirada de María Azkarate invita así a reflexionar sobre cómo los territorios se construyen desde la experiencia, y sobre cómo los límites, aunque a menudo invisibles, pueden condicionar de forma decisiva la vida de las personas
María Azkarate estudia la carrera de arquitectura en la Universidad de Navarra en la especialidad de urbanismo. Después de unos años de ejercicio profesional como arquitecta, descubre la fotografía como medio de expresión e inicia un cambio de trayectoria profesional, compaginando la fotografía de arquitectura con el desarrollo de proyectos personales sobre la ciudad y el espacio arquitectónico, temas en los que centra su actividad fotográfica. Especialmente interesada en el potencial simbólico del territorio y su expresión visual a través del medio fotográfico, su trabajo es una reflexión sobre la complejidad y profundidad del paisaje cotidiano y sus implicaciones políticas.










