Hay exposiciones que se entienden leyendo el texto de sala y otras que empiezan a desplegarse antes incluso de enfrentarse a las obras. Ofertorio, la intervención que Greta Alfaro presenta en la Nave 0 de Matadero Madrid, pertenece claramente a la segunda categoría. La antigua cámara frigorífica del matadero, con sus dimensiones monumentales y la memoria que todavía parece adherida a sus muros, forma parte inseparable de la experiencia.
Nada más entrar, resulta evidente que Alfaro no ha utilizado el espacio como un simple contenedor. La artista lo transforma en un recorrido cuidadosamente orquestado que recuerda, de manera sutil, a la estructura de un templo. La mirada es conducida hacia el fondo de la nave, donde las videoproyecciones actúan como un punto de atracción constante, mientras diferentes piezas aparecen a ambos lados del recorrido como pausas o estaciones que obligan a detenerse.
El título de la exposición ofrece una primera pista para entender lo que sucede. Un ofertorio es, en esencia, un acto de exposición: algo se coloca ante los demás para ser visto, compartido o entregado. A partir de esa idea aparentemente sencilla, Alfaro construye una reflexión sobre los mecanismos que determinan qué mostramos y qué decidimos mantener oculto. La pregunta atraviesa toda la muestra y adquiere especial fuerza en un lugar cuya historia está vinculada precisamente a procesos que ocurrían fuera de la vista pública.
Las videoinstalaciones, realizadas específicamente para este proyecto, poseen esa cualidad tan característica de la artista: imágenes visualmente seductoras que, poco a poco, revelan una dimensión más incómoda. Belleza y violencia, celebración y sacrificio, fascinación y extrañeza conviven en escenas que remiten tanto a la tradición barroca como a ciertas obsesiones contemporáneas relacionadas con la exhibición y el espectáculo.
Uno de los aspectos más interesantes de la exposición es cómo los distintos elementos dialogan entre sí. Entre esculturas, collages y otros objetos, destaca especialmente la presencia de un torso anatómico del siglo XVIII utilizado originalmente para el estudio científico del cuerpo humano. Su aparición introduce una tensión que atraviesa toda la muestra: la diferencia entre observar para comprender y observar para consumir. El cuerpo aparece aquí como objeto de conocimiento, pero también como objeto de representación.
A medida que se avanza por la nave, la sensación de estar participando en una suerte de ritual contemporáneo se vuelve cada vez más evidente. No porque la exposición reproduzca símbolos religiosos de forma literal, sino porque recupera algunas de las estructuras que organizan cualquier ritual: el recorrido, la expectativa, la concentración de la mirada y la transformación simbólica de aquello que se contempla.
Quizá lo más interesante de Ofertorio sea que evita cualquier lectura cerrada. Alfaro no ofrece respuestas ni discursos explícitos. Prefiere construir imágenes y situaciones que permanecen resonando una vez terminada la visita. Al salir de la Nave 0, la pregunta inicial sigue ahí: qué mostramos, qué ocultamos y qué implicaciones tienen esas decisiones en una cultura cada vez más basada en la visibilidad.
En ese sentido, la exposición encuentra un escenario perfecto en Matadero Madrid. La historia del edificio no funciona como un mero contexto, sino como una capa más de significado. Entre la memoria del lugar y las imágenes propuestas por Alfaro se establece un diálogo que convierte la visita en algo más que un recorrido expositivo: una reflexión sobre los rituales contemporáneos de la mirada y sobre todo aquello que sigue ocurriendo fuera de nuestro campo de visión.
Ofertorio
Del 4 de junio al 30 de julio de 2026.
Espacio Nave 0 – Matadero
Plaza de Legazpi, 8 – Madrid













