En un territorio donde lo cotidiano se entrelaza con lo invisible, Toda la carne es hierba propone un encuentro entre memorias, gestos y trayectorias alimentarias.
La obra surge de un proceso comunitario que convoca voces diversas para pensar, desde la experiencia y la imaginación, las fracturas que nos separan y los vínculos que nos sostienen. Imágenes fragmentadas —pistas de un recorrido que rara vez se ve completo— conviven con una mesa colectiva que reúne objetos, relatos y silencios.
Entre lo íntimo y lo común, entre lo físico y lo intangible, la instalación abre un espacio para preguntarnos de qué nos nutrimos, qué recordamos y cómo resistimos en un mundo que fragmenta aquello que nos une.
Toda la carne es hierba es una propuesta artística centrada en el eje de la comida y la alimentación como vehículo estético, simbólico y político. Este proyecto parte de la idea de que los alimentos no solo nutren cuerpos, sino que también construyen identidades, moldean territorios, reflejan estructuras de poder y encarnan formas de resistencia. Comer es un acto cotidiano que nos conecta con lo íntimo y lo colectivo, con la memoria, la herencia y el conflicto.
Desde una perspectiva contemporánea, el proyecto aborda temas urgentes como la crisis climática, la producción industrial, la pérdida de biodiversidad, la cultura del exceso y la escasez, y las tensiones entre tradición y globalización. La experiencia alimentaria está hecha de restos, de memorias dispersas, de gestos interrumpidos y relatos incompletos. No es un todo cerrado, sino más bien huella, ausencia o traza: materia viva que, al fragmentarse, deja ver las fisuras del sistema que la produce, las violencias que la atraviesan y los vínculos que la sostienen.
Toda la carne es hierba invita a repensar el acto de alimentarse como un gesto profundamente político, cargado de historia y de futuro. Es una investigación visual y material sobre cómo los alimentos circulan, qué cuerpos los reciben y qué historias revelan. En un mundo donde el alimento se vuelve mercancía, este proyecto busca devolverle su dimensión vital, poética y colectiva.
Meryan Rivers es fotógrafa y artista visual y desarrolla proyectos que cruzan investigación, práctica colaborativa y procesos situados. Su trabajo aborda cuestiones relacionadas con la memoria, el territorio, el cuerpo y las formas contemporáneas de fragmentación y representación, poniendo especial atención a los vínculos entre lo cotidiano, lo político y lo poético. A través de acciones, instalaciones y procesos participativos, entiende el arte como un espacio de encuentro, escucha y transformación de la mirada.
Acción colaborativa desarrollada para el programa Fluxu de Gobierno de Navarra y comisariada por Fermín Alvira.



















