Miren Doiz (Pamplona, 1980) presenta Algunas posibilidades (a partir de basura y simulacro) en la Sala URIBITARTE40 de la Fundación BilbaoArte, del 17 de abril al 31 de mayo de 2026.
La obra de Miren Doiz se sitúa en un territorio incómodo y fértil: el lugar donde los objetos dejan de servir y empiezan a hablar. Sus piezas no nacen de una voluntad de representar el mundo, sino de trabajar directamente con aquello que el mundo expulsa. Restos de reformas, materiales baratos, imitaciones domésticas, fragmentos de muebles, plásticos, papeles pintados o estructuras dañadas aparecen en sus instalaciones no como simples residuos reciclados, sino como síntomas visibles de una forma de vida contemporánea basada en la acumulación y el desgaste. En ese sentido, la práctica de Doiz convierte la basura en una superficie de lectura social y emocional.
Lo más interesante de su trabajo es que evita cualquier moralismo explícito. No hay denuncia ilustrativa ni discurso ecologista convertido en consigna. Su aproximación es más compleja y, precisamente por eso, más política. Doiz trabaja desde la experiencia material de las cosas: recoge, desplaza, combina y reorganiza elementos encontrados hasta generar composiciones donde lo roto adquiere una presencia inesperada. Sus obras mantienen algo de ruina y algo de decorado; algo de arqueología urbana y algo de ficción escenográfica. El resultado produce una sensación ambigua, entre la belleza y el deterioro, entre la atracción visual y el desasosiego.
Existe además una tensión fundamental entre pintura y objeto. Aunque desde hace años Doiz se aleja de la pintura tradicional, toda su obra sigue pensando pictóricamente. El color, la composición, las texturas y la relación espacial entre superficies continúan organizando su lenguaje visual. Incluso cuando trabaja con fragmentos industriales o materiales domésticos, permanece una mirada de pintora: una atención muy precisa a cómo dialogan las formas y cómo la materia construye atmósferas. Sus instalaciones parecen cuadros expandidos, pinturas que hubieran absorbido el espacio y los residuos del entorno.
Uno de los aspectos más lúcidos de su producción reciente es la presencia constante del simulacro. Muchos de los materiales que recoge imitan otra cosa: falsos mármoles, revestimientos que pretenden parecer piedra, papeles decorativos que reproducen paisajes naturales o texturas nobles. Son materiales baratos diseñados para producir apariencia. Doiz rescata precisamente esos elementos cuando ya han perdido incluso su capacidad de engaño. Lo falso aparece entonces doblemente desgastado: como objeto físico y como promesa social. Sus piezas revelan así una dimensión profundamente contemporánea del consumo: vivimos rodeados de imitaciones deterioradas, de deseos prefabricados que envejecen demasiado rápido.
En este punto, su trabajo dialoga de manera evidente con ciertas genealogías del arte del siglo XX, desde el Nouveau Réalisme hasta las prácticas postminimalistas vinculadas al ensamblaje y al objeto encontrado. Pero Doiz no utiliza los restos urbanos desde la fascinación pop ni desde el gesto espectacular. Hay en ella una sensibilidad más silenciosa, casi doméstica, ligada a la precariedad cotidiana y al desgaste emocional de sostener una vida dentro del capitalismo tardío. Sus materiales no proceden del exceso glamuroso de la sociedad de consumo, sino de espacios intermedios: pisos vaciados, reformas incompletas, objetos abandonados tras una mudanza o una sustitución funcional
Por eso sus obras producen una sensación extraña de intimidad. La basura que utiliza no es anónima del todo; conserva rastros de vidas anteriores, de usos y afectos desaparecidos. Cada fragmento parece contener una memoria erosionada. Doiz trabaja precisamente sobre esa frontera entre presencia y desaparición, haciendo visible todo aquello que normalmente queda fuera del campo de atención: lo sobrante, lo defectuoso, lo descartado.
En un momento histórico obsesionado con la novedad, la velocidad y la renovación permanente, la práctica de Miren Doiz introduce una pausa crítica. Sus obras no intentan reparar el mundo ni ofrecer soluciones, pero sí obligan a mirar de frente las consecuencias materiales de nuestro modo de vida. Frente a la lógica de producir más imágenes y más objetos, Doiz insiste en volver sobre lo que ya existe, sobre aquello que permanece acumulado y aparentemente agotado. Y es justamente ahí, entre restos y simulacros, donde encuentra una forma de resistencia estética y política.
Algunas posibilidades (a partir de basura y simulacro)
Del 17 de abril al 31 de mayo de 2026.
Sala URIBITARTE40 de la Fundación BilbaoArte,
Uribitarte Pasealekua, 40, Abando, 48009 Bilbao, Bizkaia











